Quién como tú!
Las arpas celestiales acompañan la dulce melodía
con que aclaman acordes los mortales,
los nombres de Jesús, José y María.
¡Quién como tú!
Tu inmaculada frente ciñe luz inmortal,
nimbo de gloria, tus recuerdos estrechamente
Al del Niño Jesús y de su historia.
El Dios inmenso, soberano, eterno,
Sujeto de amor por suaves lazos.
Descendiendo á tu albergue niño tierno,
beso tu rostro y se durmió en tus brazos.
El que vierte en los campos la abundancia
y la lluvia en otoño nos envía,
llevó á sus labios en su tierna infancia
el pan que tu trabajo producía.
Y la virgen sin par, de faz serena,
pura como los rayos de la aurora,
bella como la mística azucena,
la que gracia y virtudes atesora:
la que del Verbo Eterno fue morada,
Y te nutrió con néctar de su pecho,
Fue tu casta y amante desposada
Tu taller era encanto de María
Y centro de delicias del Eterno.
Nadie, nadie cual tú, José glorioso.
¿A quién el Hacedor sublimó tanto?
De la madre del Verbo casto esposo,
Y padre de Jesús, mil veces santo,
Sé nuestro protector, sé tierno amigo
del que guarda en su alma tu memoria,
Y haz que podamos disfrutar contigo
de la vista de Dios y de su gloria.
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